Residentes describen comercios sin clientes y familias que evitan salir mientras la ofensiva migratoria golpea a una de las principales comunidades venezolanas de Estados Unidos.

Por qué importa: El miedo no solo alcanza a inmigrantes vulnerables a deportación. Residentes aseguran que también está modificando rutinas familiares, laborales y comerciales.

“El Doral es un pueblo fantasma”, dijo a EFE Adelys Ferro, directora ejecutiva del Venezuelan American Caucus, al describir negocios vacíos y residentes temerosos.

Liz Rebecca Alarcón, residente desde hace más de 20 años, afirmó que supermercados y locales tienen menos clientes y que algunas familias incluso modificaron las rutinas infantiles.

El dato: Doral tenía una población estimada de 81,634 personas en 2025 y el 85.5% era hispano, según el Census Bureau.

Otra señal: El 70.3% de sus residentes nació fuera de Estados Unidos, según estimaciones del periodo 2020-2024.

#BuenosDíasVPItv | Venezolanos criticaron en Doral que Trump reciba a Delcy Rodríguez mientras los deporta en Florida.

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Ana Delgado, residente de origen dominicano, aseguró a EFE que el miedo también existe entre familias que, según ella, tienen sus documentos migratorios en regla.

Esto no significa que todos los venezolanos de Doral estén indocumentados. La comunidad incluye personas con diferentes estatus y circunstancias migratorias.

Lo que cambia: Quienes pierden una protección temporal pueden quedar expuestos a consecuencias migratorias si no cuentan con otra base legal para permanecer en el país.

También hay una dimensión política: algunos venezolanos que apoyaron a Trump ahora expresan decepción por el rumbo de su política migratoria.

Ferro calificó el momento como un “despertar muy amargo”, aunque estos testimonios no permiten concluir que toda la comunidad venezolana haya cambiado su posición política.

El límite: Las experiencias recogidas por EFE reflejan voces de residentes y líderes comunitarios, pero no equivalen a una encuesta de opinión entre los venezolanos de Doral.

El cambio más visible está en la vida cotidiana: familias que evitan salir y comerciantes que, según los entrevistados, esperan clientes en una ciudad acostumbrada a otra dinámica.