Comprar una casa en Estados Unidos hace 26 años implicaba pagar intereses hipotecarios más altos que hoy, pero había una enorme diferencia: las viviendas costaban mucho menos.

Por qué importa: el aumento del precio obliga a las nuevas generaciones a reunir iniciales mayores y financiar mucho más dinero, incluso cuando las tasas son inferiores a las de hace décadas.

En 2000, la tasa promedio anual de una hipoteca fija a 30 años era de aproximadamente 8.05%, según datos históricos de Freddie Mac.

Actualmente, el panorama parece mejor sobre el papel: Freddie Mac reportó una tasa promedio de 6.95% al 17 de septiembre, frente al 6.76% de la semana anterior.

Tomando como ejercicio una inicial del 20%, comprar una vivienda de $169,000 en 2000 requería aproximadamente $33,800 de entrada y financiar $135,200.

Hoy, el 20% de una vivienda de $410,700 equivale a $82,140, dejando una hipoteca de $328,560.

La diferencia resulta especialmente relevante para los hispanos, una población joven que continúa formando hogares y buscando vivienda propia.

Sin embargo, la tasa de propietarios hispanos bajó a 48.5%, porque la formación de nuevos hogares creció todavía más rápido.

NAHREP identifica los precios elevados, las tasas y la escasez de viviendas asequibles entre las barreras que mantienen fuera del mercado a familias calificadas.

La comparación no significa que comprar casa fuera fácil hace 26 años: salarios, acceso al crédito y condiciones económicas también eran diferentes.

Pero muestra una paradoja: una tasa hipotecaria más baja no garantiza mayor accesibilidad cuando el comprador necesita financiar una vivienda mucho más costosa.

Para quienes todavía intentan comprar, superar la barrera del precio puede determinar no solo dónde vivirán, sino cuándo podrán comenzar a construir patrimonio familiar.