Donald Trump elevó la controversia sobre el nombre de la inteligencia artificial al señalar como enemigos de la Casa Blanca a quienes mantengan esa expresión.

En una publicación en Truth Social, el presidente defendió “Super Intelligence” como una denominación más precisa y reclamó abandonar el término tradicional.

El mensaje no especificó sanciones ni consecuencias legales para las personas o empresas que continúen hablando de inteligencia artificial, según la información publicada por Hromadske.

La declaración añade presión política a un cambio de vocabulario que ya cuenta con instrucciones formales para las agencias del Gobierno federal.

🇺🇸 | El presidente Trump dice que cualquiera que use el término Inteligencia Artificial, en lugar de Superinteligencia, es «¡EL ENEMIGO!». https://t.co/ZhVRgtM77W

— Alerta News 24 (@AlertaNews24) October 8, 2026

. La orden ejecutiva 14434, publicada por la Casa Blanca, está fechada el 29 de septiembre de 2026, un día antes de lo señalado en algunas versiones.

El documento dispone que el Poder Ejecutivo utilice “Super Intelligence” y la abreviatura “SI” en sustitución de “Artificial Intelligence” y “AI”.

La instrucción comprende correspondencia oficial, comunicaciones públicas, sitios web, informes y documentos de política, dentro de los límites permitidos por la legislación.

Su alcance administrativo importa: el texto dirige obligaciones a departamentos y agencias federales; no establece una prohibición general del término para toda la población.

El cambio presidencial introduce una dificultad conceptual: en el uso técnico, superinteligencia no es simplemente otra manera de nombrar cualquier herramienta de IA.

IBM describe la superinteligencia artificial como un sistema hipotético con capacidades intelectuales superiores a las humanas, mientras la IA abarca tecnologías de alcance diverso.

Por ello, adoptar una etiqueta más ambiciosa no demuestra que los programas actuales hayan alcanzado ese nivel ni modifica automáticamente sus capacidades.

Para lectores, estudiantes y trabajadores, distinguir ambos conceptos permite interpretar anuncios tecnológicos sin confundir una decisión de comunicación gubernamental con un avance científico.

La orden aclara que no exige alterar regulaciones ya emitidas, acciones presidenciales anteriores, contratos, subvenciones ni otros documentos históricos del Gobierno.

Además, conserva inicialmente la definición legal existente de inteligencia artificial para determinar qué tecnologías quedan comprendidas bajo la nueva denominación administrativa.

El asesor presidencial de Ciencia y Tecnología debe presentar, dentro de 60 días, una propuesta legislativa sobre una definición federal de superinteligencia.

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Ese encargo es una propuesta futura: no equivale a que el Congreso haya aprobado una nueva definición ni modificado todas las referencias legales.

Quienes consulten portales federales podrían encontrar “SI” donde antes aparecía “AI”, especialmente en información sobre tecnología, programas públicos y políticas de innovación.

La principal consecuencia inmediata para el público es comprender el vocabulario nuevo, sin asumir que cada referencia describe una tecnología distinta o superior.

El calificativo presidencial de enemigo tampoco constituye, por sí mismo, una categoría jurídica ni demuestra que utilizar la expresión habitual acarree una sanción.

Para evaluar el alcance real, conviene separar la retórica política, las instrucciones administrativas y las capacidades comprobables de los sistemas mencionados.

FUENTE: ukranews